sábado, 21 de marzo de 2009

Los Mayas y el equinoccio







Los antiguos mayas, observadores por naturaleza, no sólo dedicaron su atención a los astros, sino que se percataron del cambio de las estaciones y se dieron cuenta de la correspondencia de momentos importantes del ciclo agrícola con la posoción del sol y los fenómenos celestes. Comprendiendo que no era suficiente con observar tales fenómenos, sino que debían registrarlos y calcularlos para poder establecer el ritmo cronológico que determinaban, surge para ellos la necesidad de inventar signos para representar los cuerpos celestes, los períodos de tiempo y su conteo. Así crearon la escritura, la numeración, el cálculo matemático, y en última instancia, el Calendario Gregoriano, mismo que usamos actualmente



Generalmente, las construcciones de los mayas se orientabana los puntos cardinales y a la trayectoria de los astros, pues el sol, la luna y las estrellas formaban parte de su concepción cosmológica. De entre los testimonios arqueológicos que dejaron destacan Dzilchaltun, Uxmal, Chichén Itzá y Tulúm, este último a sólo dos horas de Cancún, todos son una muestra fiel de su gran ingenio para diseñar y construir edificios en coordinación exacta con el fençomeno natural que querían resaltar, como el caso de los equinoccios.


El equinoccio, fenómeno en el que el sol se coloca exactamente por encima del ecuador, provoca que la duración del día y la noche sean exactamente iguales. Esto ocurre dos veces al año, en primavera el 21 de marzo y en otoño el 23 de septiembre. Los días del equinoccio eran los más importantes para los mayas, pues marcaban en la primavera el ciclo de preparación de la tierra para la siembray, en septiembre, el período en que el fruto del maíz ya maduro estaría próximo a recolectarse. Los mayas registraron este fenómeno en el diseño y construcción de sus edificios, pudiendo observarse en aquellos qu tienen una desviación de 17 grados hacia el norte astronómico.



El más representativo de estos edificios, en el que pudieron conjugar sus conocimientos de astronomía, matemáticas, cronología, geometría y religión, es la piramide de Kukulkán o Castillo de Chichén Itzá, donde cada 21 de marzo se reúnen miles de personas provenientes de todo el mundo para atestiguar la grandeza de la herencia maya. Es aquí donde se da la fusión del cielo y tierra, de ciencia y magia, en el que desde el inicio del equinoccio y desde la escalera norte del castillo, se produce una proyección serpentina de siete triángulos de luz invertidos, como resultado de la sombra de las nueve plataformas del edificio.


La visión es de una serpiente, el dios Kukulcán, la deidad más importante de los mayas, que desciende lentamente desde lo alto hasta la base de la pirámide. Esta visión dura aproximadamente de 30 a 40 minutos, siendo el momento que todos los ahí reunidos esperan para recibir la energía cósmica y cargarse de ella.
El evento es tan espectacular, que incluso la NASA lo transmite en vivo y directo para que el mundo entero pueda ser testigo de ese maravilloso fenómeno aqueológico-astronómico.